El monstruo que habita en mi estómago

May 18, 2026 | Alimentación, Ansiedad

¿Has sentido alguna vez unas ganas de comer que no podías parar? ¿Han surgido de repente? ¿O han ido creciendo lentamente?

Esa sensación de que tu cuerpo no te responde como quisieras, tu mente sólo puede pensar en ingerir. Una vocecita te dice que comas, que tienes hambre, que vayas a la cocina. Esas ganas se apoderan de tu cuerpo, recorriendo tus manos y guiándolas hasta la caja de dulces. Una vez que las tienes delante, decides comerte sólo una, para quitarte el gusanillo; después de todo, has comido hace poco y te sientes lleno/a, así que esta vez lo vas a saber controlar… Y das rienda suelta al monstruo de tu barriga.

Cuando vuelves a recuperar la conciencia, te encuentras con la caja casi vacía, migas desperdigadas por la encimera y tu rostro, y sientes una culpa inconmensurable porque no has podido controlarte. Otra vez. Ya llevas un tiempo así. Hoy son dulces, mañana será la olla de espaguetis de la semana, pasado serán los embutidos que tienes en la nevera, y para dentro de unos días habrás acabado con la paleta de jamón reservada para la comida familiar.

Todo esto no te hace sentir bien. No sabes qué te pasa, ni por qué. Tratas de ponerte a dieta, te prometes que no te volverá a pasar, la próxima vez simplemente beberás mucha agua, dejarás de comprar galletas, y le darás la paleta de jamón a un familiar para que la guarde. Pero cuando vuelves a oír los susurros del monstruo, sabes que no hay vuelta atrás.

 

¿De qué clase de monstruo estamos hablando?

Se trata de, como lo denominan los manuales, el Trastorno por Atracones. Se caracteriza por comer en un periodo corto de tiempo con sensación de falta de control, ya sea por:

  • Hacerlo muy rápido.
  • No poder parar una vez que se empieza.
  • Realizarlo cuando uno siente que va a explotar.
  • Llevarlo a cabo cuando no se tiene nada de hambre.
  • Hacerlo por la vergüenza que aparece cuando se ve todo lo que se ha comido

Esto siempre viene acompañado de sensaciones de tristeza, culpa y vergüenza por no haber podido gestionarlo de una mejor manera. Y no hablamos de que esto ocurre de forma puntual, como cuando estamos en la cena de empresa o comiendo con compañeros un sábado; esta sensación de comer desmesuradamente, con su posterior sentimiento de culpa, se produce de forma semanal o diaria.

¿De dónde viene?

Esta peculiaridad ha sido enlazada con gran cantidad de elementos, desde sociales (comentarios o burlas de familiares y amigos, ver cuerpos prototípicos en redes sociales) y personales (falta de autoestima, insatisfacción corporal, restricciones alimentarias). Pero lo que la gran mayoría de expertos en el comportamiento humano reconocen un factor clave: la gestión emocional.

Las dificultades encontradas en la gestión emocional, identificando y sabiendo qué hacer con las sensaciones que nos vienen cuando una experiencia en particular nos saca de nuestro bienestar. Vamos a tratar de mejorar nuestra situación con las herramientas que conozcamos y que tengamos a mano, sin darnos cuenta que estamos prestándole atención al monstruo. Su voz va a ser cada vez más dulce y melódica, ofreciéndonos una “solución”; sabemos que está mal, que no deberíamos hacerle caso, pero acabamos cayendo en su trampa. Y si bien el primer bocado puede saber a gloria y transmitirte bienestar, el resultado final siempre es culpabilidad.

 

¿Qué podemos hacer para enfrentarnos al monstruo?

Conocer las debilidades del monstruo es la clave para vencerle, y sus mayores puntos débiles son el conocimiento y la certidumbre. Poder discernir qué se está sintiendo y por qué es una ayuda inmensa, pues gracias a ello podemos identificar qué acciones realmente beneficiosas tenemos a nuestra disposición, convirtiendo a la voz del monstruo en un susurro que se pierde con la más ligera brisa.

Este proceso de exploración propia y búsqueda de alternativas puede resultar abrumador en un primer momento. Es por ello que desde te invito a ponerte en contacto con un especialista para que te acompañe, asegurando que puedas alcanzar tus metas y que vivas sin un inquilino indeseado en el estómago.